sábado 25 de noviembre de 2006

El Viaje

Te sueño en distorsión, tristeza llevas dentro, confusión de colores rojo sangre, opaco estoy pintado por el pincel del artista, casi sombrío, algo me impide llegar hasta ti, ¿por qué siento compasión por ambos?, ganas de acariciarte en el consuelo y admirarte secretamente, cortos caminos de desesperación con una opción fatal, escapas de mis manos, la energía de esto está en ti, calma me presiona al dulce colchón que parece repeler mi amargura, caer lentamente a tierras de dolor eterno, le pido a ella en un susurro que no sufra por mí, sólo voy a de paso, almas que dicen tener cierta comprensión por la lejanía, exiliadas sin opción a clamar compasión. Se acerca un joven suicida pasivamente a charlar, me invita tomar asiento en las rocas junto al mar de la indignidad, tiernamente abre una caja y muestra una fotografía, -¿Por qué ella no está aquí? - dice con sollozos intermitentes -, el señor debería tener el control de todo, tal vez lo tiene, ¿Por qué no creí en Él?, creo que ya he perdido la oportunidad de sonreír, Él era mi salvación y comprensión, mi mejor amigo, Él dio todo por nosotros y yo no supe encontrar su corazón, no estás solo, el de arriba nos escucha, el de abajo nos condena.

Unos minutos de silencio permiten poner atención a lamentos de almas arrepentidas, si tan sólo tuvieran una mínima oportunidad de solucionar sus errores ahora, todo sería distinto, estoy seguro que en una nueva vida esta dimensión no tendría visitantes.

- Sentir y pensar tan solo me hace mal - movimientos involuntarios se apoderan de mi -, ¿cuáles son tus frágiles recuerdos amigo del infierno?.

- El no ver que nuestra vida en la tierra es más que lujos, dinero y buena vida abundante me ha traído a la perdición, no di lugar a quien siempre me acompañaba sin yo saberlo, a la salvación, no di lugar a entregar amor incondicional a quienes caminaban junto a mi, no di lugar a perdonar a quienes me rodeaban.

Era un agosto frío y lluvioso, descubrí su traición, no lo imaginé antes, corrí a buscar el revolver y apunté al rostro del tipo, era destellante el miedo en su rostro, no lo abatí, no era necesario, el vehículo parecía tener fijado su destino, voces reverberantes agobiaban el andar, di pasos en la arena y saltos en las rocas, el último brinco fue desviado por el trueno mas horripilante de mi vida, el segundo en que sentí arrepentimiento fue misterioso, creí caer al mar mientras el dolor apagaba mi existir, jamás sentí la humedad, solo pude observar como un demacrado cuerpo que ya no me pertenecía flotaba en un rojo eterno, vagué por aquel lugar unos días, ver consternación en quienes yo creía me ignoraban fue lo más conmovedor de mi partida, rogaban a dios me entregara de vuelta a sus vidas, en ese momento un ángel me acercó a él para ver el gran error cometido, “órdenes divinas te llevarán a la agonía, una inconciencia infeliz, lo lamento”, esas fueron las palabras del albino destello, en aquel momento entendí que éste sería mi asiento, en el humo he contemplado el pasar del tiempo, días, meses, años, décadas sin poder hablar con alguien más.

Contemplé como llegó él, ¿lo ves?, es el hombre de la mirada temerosa, la culpa que sentía por sus actos lo llevó a seguir mi camino, cortes en sus brazos lo llevaron a las rocas separadas por el abismo, en silencio lleva tiempo de pie, su mirada ya no expresa temor, sólo mira suavemente mi estadía en esta eternidad, recibió perdón de Dios, él rogó hacerme compañía, en cuanto a ella, comprendió la razón por la cual nunca se está solo, desde los cielos hoy me escribe cartas, en cada una de ellas expresa la palabra del Señor, me alienta, es un contrabando en estas subtierras, me conecta con lo que jamás podré alcanzar, me otorga la ilusión de poder estar junto a Dios, soñar es hermoso, nunca sabes qué encontrarás en los sueños, para mí es distinto, el sueño no se concilia en los fuegos de la desesperación.


Las lágrimas que desprendí dieron el color de un azul cielo a aquel mar, se abrió el portal de las nubes frente al rojo eterno, tomé de la mano a mi nuevo amigo y nos lanzamos, en ese momento fui un ángel especial, el castigador enemigo nos persiguió vorazmente hasta las puertas del cielo, Dios perdonó sus pecados y me entregó tranquilidad de sus manos, purificó mi existir, pues sabía mi condición, que le sería leal en el camino, desde ese momento jamás dudé de su omnipresencia, sin palabras me envió de vuelta a la vida.